Día 24: Por fin el quirófano (Un cumpleaños entre placas y tornillos)

Antes de llegar a estos 9 meses de recuperación, hubo un punto de inflexión que jamás olvidaré. Tras tres semanas interminables de dolor, con la ansiedad por las nubes y el pie siempre en alto, por fin me dieron fecha para la operación: el 11 de diciembre. Sí, justo un día después de mi cumpleaños. El contraste emocional era total: estaba feliz porque el final del dolor estaba cerca, pero aterrorizado porque nunca antes había pisado un quirófano (ni suelo ir al médico, la verdad).

El día llegó y, casi sin dormir, entramos al hospital. A las 7:00 ya estaba en la habitación y poco después me bajaron a preoperatorio. Allí me realizaron un bloqueo nervioso en la pierna —que me la dejó completamente dormida— y la epidural. Por vía intravenosa me pasaron una sedación que me dejó en ese estado extraño: muy relajado pero consciente.

De las dos horas que duró la intervención, solo guardo un recuerdo sensorial: una manta y una especie de calefactor. Luego vino la sala de reanimación y, finalmente, la vuelta a la habitación.

Sin embargo, el postoperatorio inmediato tuvo su propia batalla. Me administraron Tramadol para el dolor, algo que me pareció innecesario porque, gracias al bloqueo, no sentía absolutamente nada. Los efectos secundarios no tardaron en aparecer: pasé toda la noche sudando y vomitando. Una experiencia 'inolvidable' tanto para mí como para mi pobre compañero de habitación.

 


Esa foto que veis es justo del día siguiente, ya de vuelta en casa. Para reparar el desastre, tuvieron que hacerme dos incisiones y colocar dos placas con innumerables tornillos, una estructura de metal que ahora forma parte de mí.

Lo que más recuerdo de aquellas primeras horas tras la operación es, curiosamente, la paz. Por fin, los dolores insoportables habían cesado. No me malinterpretéis: las grapas molestaban y, según el movimiento, sentía pinchazos fuertes y secos, pero aquello era la gloria comparado con el calvario de las tres semanas previas.

Salí del quirófano con una férula de escayola (una especie de semi-escayola) que cubría desde la planta del pie hasta más arriba del gemelo, todo sujeto con un vendaje elástico, tal como se aprecia en la imagen. En ese momento empezó una nueva cuenta atrás: más semanas de pierna elevada, reposo absoluto y el inicio de mi 'relación' diaria con la heparina.

 

 

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